No fumaba. Ella no fumaba. Pero da igual. Se fue a por tabaco y no volvió.
Entonces tuve la sensación de que había muerto.
Sentí que su corazón se paraba. Mientras el mío se ponía de luto.
Asistí a su entierro al pensar en qué no volveríamos a hablarnos. A vernos. A escucharnos. A saborearnos. A tocarnos.
Entonces, ¿qué diferencia había entre un ser inerte y ella? Acaso, ¿no es peor saber que vive sin hablarme, verme, escucharme, saborearme, tocarme?
Una pérdida irreversible. De esas que abren la puerta sin avisar. Un amor terminal. Pero sin velarle por las noches sentada en un sillón. Uno de esos sillones afiliados con el insomnio. De esos que chirrían cuando te sientas. Que chirrían como la mecánica del corazón oxidada, con engranajes cobrizos abandonados por el desuso.
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Acerca de Fuckmeluck

Léeme a mí, mejor que a unas líneas autobiográficas. Dejemos las biografías a la wikipedia; yo prefiero una conversación.
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